Santiago -
Punta del Este (Del Pacífico al
Atlántico)
Iniciamos
nuestra travesía un día después, debido a los aludes que el mal tiempo ha
causado en la frontera argentina del paso Los Libertadores, aduana que permanecerá cerrada por varios
días más. Esto nos obliga a ir hasta Talca, San Clemente y cruzar a Argentina
por el paso Pehuenche, esta zona es muy linda, cerros llenos de vegetación, un excelente camino, totalmente
asfaltado en el lado chileno, la laguna del Maule, enorme, aunque con evidente
déficit de agua y un control aduanero colapsado, por el repentino aumento en el
flujo de turistas. De todas formas San Clemente, debe estar haciendo su Agosto,
pues la estación de servicio y el comercio local se ha visto invadido por un
repentino aumento de clientes, bien por ellos.
Al
llegar al control aduanero, somos el auto número 45 y eso que en el camino,
dejamos atrás a varios autos argentinos, gracias a que en general, sus autos
son más viejos que los nuestros, a excepción claro está de la familia Kirchner,
de la clase política argentina y de uno que otro agricultor dedicado al cultivo
de la soya.
La
espera de la aduana fue de 2 horas y media bajo un sol abrasador y altas
temperaturas. Una vez superado el
trámite de aduana recorremos unos 70 km por un sinuoso camino que bordea la
laguna del Maule, de repente hay a ambos costados del camino una línea de
piedras pintadas de blanco, estas indican que hemos ingresado a territorio
argentino, más exactamente a la zona de Cuyo,
cuyos caminos, hay que decirlo, están llenos de hoyos. Es muy notoria la
diferencia de los caminos del lado chileno con los del lado argentino,
especialmente en esta zona de cruce de fronteras. Pocos kilómetros más adelante encontramos el
control de aduana, que no es más que una mesita plástica y una caja de zapatos
en la que el gendarme de turno deposita la copia de la papeleta de inmigración,
para que no se las lleve el viento. Apenas pone un timbre en el papel de
control de vehículos y sería todo, bien precario a decir verdad.
La
curiosidad en esta ruta, estuvo en pasar por una zona donde a ambos lados del
camino, se ven pozos petroleros con sus torres de extracción funcionando incesantemente, resulta curioso imaginar que
estamos circulando por una zona que bajo nuestros pies está inundada de petróleo,
un bien que para los chilenos siempre ha sido escaso, caro y que nos pone a
merced de los carteles, los vaivenes del dólar y hasta de las políticas
tributarias del residente de turno del palacio de la moneda. El primer lugar
que encontraremos del lado argentino se llama Malargüe, que es una pequeña
ciudad con amplias avenidas, pero que parece haberse quedado en los años
70, Nuestra intención era cargar
combustible en esta ciudad, pero por alguna razón este escasea y para poder
comprar combustible hay que hacer una fila, casi tan larga como la de la aduana
y con el mismo sol abrasador. Desistimos y seguimos viaje hacia San Rafael, una
ciudad importante de la provincia de Mendoza, donde podremos cargar combustible
y seguramente pernoctar. Al llegar a San Rafael, existe el mismos problema con
el combustible, y nos damos cuenta que el desabastecimiento es en las
estaciones de YPF, esas mismas que la maligna señora K le expropió a los
españoles, apostaría que antes de la expropiación, YPF funcionaba mejor. Por
suerte en esta ciudad existe Shell, donde podemos llenar nuestro estanque. En la oficina de turismo consultamos por
hoteles, nos señalan que la capacidad hotelera está casi copada, pues hoy lunes
y mañana martes son días feriados, pues acá también hay carnaval (que viene de
carne - levare que significa adiós a la carne y que representa el inicio de la
cuaresma, periodo de abstinencia que precede a la semana santa). Ya instalados
en el hotel, después de una reponedora
ducha, vamos a recorrer la ciudad y buscar un restaurante para cenar. De paso
nos topamos. con el carnaval, que a decir verdad y con respeto, no pasa de ser
más que una kermesse infanto-juvenil, pintoresco sería el calificativo más
generoso y apropiado, no justifica que decreten dos días feriados con este
pretexto. Seguimos mejor en búsqueda
de nuestra cena, su aperitivo y de
postre un infaltable helado en alguna de las buenas heladerías que hay en
argentina, herencia de sus ancestros italianos de seguro. Hemos completado 750
kilómetros de viaje y es momento de descansar.
Argentina,
parece a ratos un país de opereta, al lío de la gasolina, los dos días de
feriado por carnaval, hay que agregar que después de intentar en 6 cajeros
automáticos, logramos obtener dinero local, que necesitamos para pagar peajes
en la ruta hacia Rosario (la ciudad de Bielsa), nuestro destino de hoy martes.
Saliendo de San Rafael, tomamos la ruta 144 que nos lleva hacia San Luis, luego
Villa Mercedes, Rio IV, donde tenemos planificado hacer una parada técnica,
exigida por nuestros estómagos y luego seguir en la tarde hacia Rosario. Al
llegar a San Luis decidimos recargar combustible, de nuevo hay que hacer fila,
y al llegar al surtidor, vienen las condiciones; si carga combustible de 95
octanos debe pagar en efectivo y en pesos argentinos, si carga de 98 octanos,
puede pagar con tarjeta ...pero de debito. Mejor aseguramos el estanque y
esperamos que la tarjeta resista!
Alrededor
de las tres de la tarde llegamos a Rio IV, nuestra intención es almorzar y
hacer una pausa en la conducción, lo
primero se vuelve una odisea, pues de nuevo encontramos una ciudad fantasma en
la que a esta hora todos duermen siesta y por lo tanto están todos los
restaurantes cerrados, en realidad todo está cerrado, salvo un restaurant en la
plaza llamado Santorini...menos mal!. Acá también es feriado por el cuento del
carnaval, que no es ni tal, a confesión del mozo del Santorini. Pedimos ensalada cesar (regular), pizza Santorini,
(buena) y unas empanadas de cebolla (increíblemente buenas!). Rio IV es una
ciudad importante, de hecho es la primera ciudad de provincia en que se observa
un desarrollo inmobiliario importante, hay edificios de altura, un mall (lo que
se supone es un signo de progreso y modernidad, pero también de cierta
decadencia y de pérdida de identidad) No hay mucho que ver en esta ciudad, de
manera que seguimos en ruta a Rosario, hasta donde nos restan cerca de 400
km. En esta zona hay extensas
plantaciones de maní, lo que me sorprende pues no había oído de esto nunca
antes, aunque si recordamos que argentina produce y exporta mantequilla de
maní, cobra sentido.
El
último tramo hacia Rosario se realiza en una moderna y amplia autopista cuya
velocidad máxima es de 130 km/h, lo que ayuda a que avancemos más rápido hacia
nuestra escala de hoy. A medida que nos
acercamos a Rosario, la ruta se congestiona, pues hoy martes es el ultimo día
del fin de semana largo, al tiempo que la temperatura va en ascenso, pasando
desde 31 a 38 grados, cuando bajábamos las ventanillas del auto, la sensación
de calor era enorme, pues a los 38 grados hay que agregarle un alto porcentaje
de humedad. Rosario, la ciudad de Bielsa es tan loca como el mismo entrenador,
un tránsito caótico, calles con unos
semáforos antiguos y con muchos. cruces no señalizados, donde finalmente impera
la ley de la selva, sin embargo tiene un casco histórico muy bien conservado
con calles adoquinadas y muchos edificios del siglo XVIII bien conservados y
bien rescatados, en el caso de aquellos
que albergan a tiendas, restaurantes o cafés. El show de la gasolina se repite
de nuevo, sin combustible en las YPF y con filas y desorden en las otras
estaciones...paciencia, necesitamos combustible para seguir, así es que hacemos
la vista gorda. Algo que me llamó la atención en Rosario, es
la cantidad de gente haciendo running en las plazas, parques y en la rambla (costanera),
de todas las edades, en grupos numerosos y en solitario, y pese a que son ya
cerca de las 10 de la noche y hay 32 grados. Los ciclistas son otro grupo de
deportistas bien numeroso, bien por Rosario. Una vez que encontramos hotel para
nosotros y cochera para el auto, previa ducha de rigor, vamos a conocer el
entorno y buscar un lugar donde cenar. Hemos acumulado 1.650 km, lo que quiere
decir que en esta jornada recorrimos cerca de 900 km, lo que explica que
después de cenar retornemos directo al hotel. Mañana estaremos almorzando en
Uruguay y al final de la tarde instalados en Montevideo.
Finalmente
llegamos a la frontera de Uruguay, previo cruce del moderno y extenso puente
General San Martín sobre el rio Uruguay. El chequeo de frontera es
relativamente rápido y amable, como es toda la gente en Uruguay, ya son cerca
de las tres de la tarde y no hemos almorzado, así es que en la primera ciudad
que encontramos en ruta hacia Montevideo, almorzaremos, eso, sí es que acá no
tienen la costumbre de la siesta kirchneriana. Estamos en Mercedes una pequeña
ciudad donde pese al calor de la tarde, no se duerme siesta (al menos no en
forma masiva) de manera que encontramos un lugar para almorzar. Pedimos chivito
que es lo típico de acá, y nos traen unos generosos sándwiches que además de la
carne de chivito, tiene tomate, lechuga, huevo, jamón, aceitunas y se acompaña
de papas fritas y cerveza. Muy buen almuerzo este y muy grato el lugar y la
atención.
Montevideo
es una ciudad capital bien particular, tiene puerto, playas, zonas turísticas y
su casco histórico, hay edificios modernos, grandes avenidas, plazas y parques
y varios barrios. Nuestro hotel, Pocito's Plaza, ubicado en el barrio de
Pocitos, que es parecido a Providencia, es bastante bueno, con una excelente
relación precio-calidad, gracias a Booking.com, donde hay siempre buenas
ofertas y oportunidades para viajeros.
Al
recorrer el casco antiguo de la ciudad descubrimos una interesante
arquitectura, así como propuestas de restauración y recuperación de edificios
antiguos igual de interesante. Montevideo es actualmente sede de una bienal de
arte, por lo que hay muchas exhibiciones
abiertas y de acceso gratuito. También visitamos el famoso Teatro Solís, escenario
de la Opera, ballet y conciertos de Montevideo, cuyo edificio tiene algunas
alas remodeladas y que se usan de sala de exposiciones, cafetería y tienda de
recuerdos.
En
Uruguay, la gente es muy amable, aunque un poco lenta, y al igual que los argentinos,
toman mate a toda hora, aunque caigan patos asados desde el cielo por los 38
grados de calor, claramente son enfermos del mate!
Vamos
ahora a Punta del Este, el balneario top de Uruguay y de la costa atlántica, como Uruguay es un país pequeño todo está
cerca, de hecho Punta del este está a unos 110 km de Montevideo, es decir a una
hora de viaje. Al llegar a Punta del este, se observa un desarrollo
inmobiliario muy moderno, con grandes edificios enfrentando la costa, una zona
de casas que es la península, donde las casas dan cuenta del nivel de
exclusividad del balneario. Hay mucho comercio, con tiendas exclusivas, aunque
no llega al nivel de Capri. Las playas son extensas y de un oleaje suave y agua
templada. Hay muchas playas a ambos lados de la Península, que se denominan
Playa Brava, donde hay más oleaje, pues es la zona expuesta al atlántico, que a
su vez se subdivide en numerosas playas. La cara interior de la península, se
llama Playa Mansa, donde hay otra variedad de playas, incluyendo una naturista
en la que se practica nudismo. En cada playa hay mucho espacio para estacionar,
áreas de dunas y en algunos casos zonas boscosas. El auge de público en Punta
del Este es en Enero, de manera que estos días si bien hay gente, no es un
lugar atestado, no es difícil conseguir mesa en un restaurant ni acomodaciones
en un hotel. Uno de los atractivos e
ícono de Punta (así le llaman acá, despojándola de su referencia geográfica),
es la escultura de un chileno, la mano enterrada en la arena. Su autor, Mario
Irarrázabal, recibió no hace mucho las llaves de la ciudad por su aporte, que
ya cumplió 31 años. Lo anecdótico del caso es que cuando en 1982 la ciudad
convocó a escultores para un concurso que pretendía crear el parque de las
esculturas, nuestro compatriota no era muy conocido, de manera que el escultor
uruguayo, quien en el diseño del parque había quedado al lado del chileno, dijo
que no instalaría su escultura al lado de la de un desconocido, ante lo cual
Mario Irarrázabal sin hacerse mayores problemas, buscó otra ubicación, en playa
brava, lugar que terminó estando en el epicentro de Punta del Este, por lo que
su escultura se hizo famosa e ícono del balneario. Las demás, duermen el sueño
de los justos, en el parque de las esculturas que queda camino a José Ignacio,
pequeño balneario que hoy por hoy es el lugar más exclusivo de esta zona.
En
términos gastronómicos, además del chivito, el vacío y el matambre, dos cortes
típicos de acá, la cepa tinta tannat, el fainá - que es una masita hecha a base
de polenta- hay todo un universo en pastelería (confitería se llama aquí),
merengues, pasteles de diverso tipo y uno típico, llamado Chajá que es a base
de bizcocho, merengue, crema y durazno, aunque hay variedades con chocolate y
dulce de leche, realmente es bien exquisito. Desde luego que los helados
también son una tradición acá, con sabores de antaño, como el sambayón, bueno
si me ven más rellenito, después de este
viaje, ya saben por qué.
Cabo
Polonio es nuestro próximo destino, se trata de una aldea de pescadores en la
que no hay urbanización mayor, carece de energía eléctrica, aunque si usan
energía solar a través de paneles fotovoltaicos. Esta aldea-playa, conserva una
de las mayores colonias de lobos marinos, poblaciones del sapito de Darwin y
unas dunas móviles que le han valido ser calificado como reserva natural de la
biosfera. Tiene además todo un cuento para ser visitado, pues sólo se accede a
través de un bus -camión que surca las dunas, debiendo todos dejar sus autos en
el terminal de salida de estos pintorescos y zarandeados buses.
Camino
a Cabo Polonio, que está emplazado en el departamento de Rocha, pasamos por el
balneario la Barra, al que se accede luego de cruzar un curioso puente
ondulante, que nadie entiende muy bien por qué, tiene la forma de una montaña
rusa. La Barra tiene un nutrido centro comercial y al parecer es la cuna de los
surfistas, equivalente a nuestro Pichilemu (bosque chico en lengua mapuche). En
la barra encontramos una tienda de sweaters de lana pura, realmente hay prendas
muy lindas y de una calidad única, imposible dejarlo pasar.
Ya
en Rocha, decidimos quedarnos en el balneario La Paloma, donde encontramos una
zona de cabañas que están metidas en medio de un bosque, el lugar se llama
Parque Andresito y las cabañas todas blancas y con esos techos de totora
típicos de acá, le dan un aspecto parecido al bosque de los pitufos.
Hay
acá, un buen restaurant italiano en el que comemos pasta y pizza, además
compramos unos pastelitos para acompañar un café en la cabaña. Más tarde
salimos a recorrer el balneario y pasamos al supermercado por algunos quesos,
salame, y cosas saladas para acompañar una copa del vino chileno que vino con
nosotros desde Santiago y compartir las anécdotas del viaje.
Hoy
martes vamos a Cabo Polonio, el lugar de moda y alternativo de la zona, pues a
diferencia de Punta, acá no hay nada elegante ni sofisticado, sino todo lo
contrario, todo es bien rústico y
natural, pero muy pintoresco y relajado.
La travesía comienza en el terminal de pasajeros de Cabo Polonio ubicado
en el kilómetro 264 de la ruta que va a Chuy, asentamiento fronterizo con
Brasil, a escasos 200 km de acá. En este terminal hay que dejar los autos
estacionados y llevar lo indispensable para la visita, ya sea por el día o por
más tiempo, pues además de pagar por la custodia del auto, hay que pagar el
pasaje de ida y regreso en el camión que surca las dunas bamboleándose cual
coctelera, es toda una aventura, bien divertida y atípica, va mucha gente a
este lugar, muchos extranjeros de la onda natural hippie, sin llegar a ser
rastas o faltos al agua... al menos nadie huele mal. Después de surcar las dunas nuestro
pintoresco transporte, llega a la playa y se va por la orilla hasta llegar a la
aldea, que se emplaza en torno al faro.
Al
llegar, vemos muchas casas de distintos estilos y materialidad, algunas bien
pintorescas y otras completamente blancas, con ventanas y celosías azules, muy
mediterráneas. Estas casas están emplazadas en forma aleatoria o desordenada en
medio de la arena, no hay un trazado urbano, ni las casas tienen delimitación
ni cercas, lo que le da al lugar un aspecto único. Hay que recordar que tampoco
hay alumbrado público, de manera que mirado desde lejos, parece la maqueta de
un balneario en proyecto. En la primera línea frente al mar, están los
restaurantes y hosterías, algunos muy bien armados con hamacas frente al mar y
hasta con SPA. El resto de los locales son unos chiringuitos esparcidos por
doquier, que ofrecen de todo un poco. Desde ahí y desde cualquier lugar a orillas
del mar, se puede oír el bramido de los lobos de mar, de los cuales hay acá una de las colonias más
numerosas, en unos promontorios frente a cabo polonio, pese a que también
encuentras lobos marinos retozando en los requeríos de la zona del faro.
Una
vez que completamos el recorrido por la zona de la aldea y el faro, vamos hacia
las dunas, formaciones en constante movimiento, pero que no se alcanza a
comparar con las de San Pedro de Atacama, la gran duna de acá, vendría siendo
la hermana menor, sino la hija de la de nuestro desierto. Curiosamente, en la
extensa playa de Cabo Polonio, hay muchos peces muertos en la orilla de la
playa, da la impresión de que hubo fuertes marejadas la noche anterior, que
dejó a varias especies varadas en la arena. Mientras escribo estas líneas,
vamos camino s Mendoza, por la autopista 7 que de siete, no tiene nada, hay
mucho viento, lo que hace que nuestro fiel Forester -que ya ha acumulado más de
4.200 kilómetros- se bambolee tanto como el camión-bus de Cabo Polonio, claro
que también nuestro conductor, se cree
protagonista de alguna versión de rápido y furioso. Por suerte está el peaje de
Serranías Puntanas, para hacer una pausa en el "zangoloteo".
Una
vez alcanzada la cima de la duna principal, descansamos un momento, comemos
fruta y disfrutamos del paisaje y del arte de hacer fotografías, pero nuestro
relajo se interrumpe con las primeras gotas de una lluvia que muy pronto se
volverá intensa y que nos dejará bastante empapados. Regresamos a la aldea,
paseamos un rato por los stands de artesanía y esperamos que venga el camión-
bus para regresar, el primer vehículo se completó y no alcanzamos a subir, pero
quedamos en tercer lugar para abordar el siguiente, el cual al llegar desata un
caos, todos se agolpan para encaramarse y tomar un asiento en alguna parte
protegida de la lluvia, nosotros por educados, terminamos en la cola del
camión, con la lluvia sobre nuestras cabezas. Es curioso cómo la lluvia cambia
esta experiencia que de ida era una aventura divertida y exótica, en un viaje
precario, pues cada vez estamos más mojados, hace frio y el bamboleo hace que
el agua de la lona que hace de techo de este transporte caiga sobre nosotros, a
veces directo a nuestras espaldas, de todas maneras es divertido y toda una
experiencia. También es curioso observar a las personas y sus actitudes,
algunos se lo toman con humor, otros van con cara de "quien me mandó para
acá" y un tercer grupo está en un mutismo autista. Yo observo y registro,
para luego poder escribir mis crónicas de viaje, las que cada vez tienen más
suscriptores... es que una buena pluma... vende!
Como
la lluvia nos trajo de regreso temprano a nuestra cabañita de los pitufos y
como además no nos permitió almorzar en cabo polonio, nada más que unos
buñuelos de alga, originales y sabrosos, pero insuficientes, aprovecharemos el
quincho para hacer una parrilla -como dicen acá- y disfrutar de los excelentes
cortes uruguayos.
El
bosque en el que se encuentran las cabañas nos provee de suficiente leña y el
supermercado del pueblo de un corte de cuadril y unas butifarras y algunos
vegetales para preparar una ensalada, a un precio casi más caro que la carne...
pero bueno, aún nos queda vino chileno y de todas formas será más económico y
entretenido que ir a un lugar a cenar. Klaus se ocupa de la ensalada y su
aderezo, David de encender la leña y yo de asar la carne. La calidad de la
carne y la perfecta técnica de sellado del parrillero, nos proveyeron de una
estupenda y generosa cena, ideal para empezar a despedirnos de Uruguay, pues
mañana empieza nuestra operación retorno, vía Colonia del Sacramento y Buenos
Aires, cruzando el rio de la plata en el famoso buque bus.
Hoy
miércoles dejamos la zona de balnearios para dirigirnos a la ciudad de Colonia
del Sacramento, que fue declarada patrimonio de la humanidad hace unos años,
por sus calles y edificaciones que se conservan en muy buen estado desde la
época colonial. En efecto, en la zona que bordea el rio de La Plata, las calles
son empedradas y las casas de época están bien conservadas y casi todas lucen
en sus fachadas enormes y coloridas buganvilias, toda esta zona está dentro de
un perímetro amurallado, al que en su época se accedía por un puente levadizo.
Desde luego acá también hay un faro, lo que es un infaltable en las ciudades de
la costa uruguaya. En esta zona
colonial, se encuentran restaurantes, tiendas, un club de yates, la plaza y la
iglesia también muy bien conservada. Almorzamos acá y luego nos vamos al puerto
para embarcarnos -incluyendo nuestro auto- en el buque bus, un enorme ferri que
debe tener acomodaciones para más de mil pasajeros y una bodega para unos 200
autos. En tres horas estaremos en Buenos Aires, hospedados en el Art Gallery
Suites del barrio La Recoleta, un conjunto de apartamentos muy bien equipados.
La travesía a través del Rio de La Plata es bastante movida, estamos nuevamente
con tormenta, lluvia y viento, lo que provoca mucho movimiento en este ferri. A
bordo hay una tienda de duty free que sirve para matar el tiempo, pese a que
mis planes eran disfrutar de una siesta a bordo, pero el frio, el vaivén de la
embarcación y la imposibilidad de los argentinos de guardar silencio o a menos
de no gritar, frustran mis intenciones, definitivamente, es imposible dormir
entre tanto barullo, que la nena, que el coche, que el mate, etc.
Al
llegar a Buenos Aires hay un verdadero diluvio, por suerte los trámites de
aduana tanto de salida de Uruguay, como de ingreso a Argentina no fueron tan
lentos. Ahora estamos manejando hacia La
Recoleta, en medio de la lluvia y en una ciudad que se caracteriza por un
tráfico caótico, pero afortunadamente logramos encontrar pronto nuestro
apartamento. Una vez instalados y guardado el auto, nos vamos en búsqueda de
algún lugar para comer algo en las inmediaciones del hotel, pues aún llueve,
aunque con menor intensidad. No hay muchas opciones pues ya es medianoche, de
manera que optamos por un restaurante mexicano, donde pedimos unos tacos,
quesadillas y nachos y tres margaritas para saludar la llegada a Buenos Aires.
Fue una excelente elección este DFRecoleta, muy buenas las margaritas y
excelentes los appetizer.
Es
jueves en la mañana y estamos cargando, más bien estivando nuestro auto,
aprovechando cada rincón del maletero. Luego iremos al micro-centro para unas
pocas compras (específicamente un par de zapatos para mí), luego almorzaremos y
dejamos Buenos Aires, rumbo al oeste, hacía San Luis, nuestra última escala de
regreso a Chile. El tránsito por las callecitas de Buenos Aires, es caótico,
hay muchas calles con pistas cerradas por trabajos, aunque no se ve a nadie
trabajando. Otro punto es que Internet funciona mal o derechamente no funciona,
lo propio ocurre con las tarjetas de crédito y débito, mayoritariamente operan
con VISA y con Cirrus, de manera que hay que estar preguntando antes de comprar
en cada local o restaurant, pues de lo contrario terminaremos lavando platos
con restos de milanesa! Se ratifica eso de un país de opereta...por decirlo
suave.
Estamos
saliendo de Buenos Aires, la avenida 9 de Julio es otro caos, un taco
descomunal y trabajos que sólo restan pistas, este taco se extiende por la
autopista por varios kilómetros, lo único bueno es que dado que el taco es tan
dantesco, las barreras de los peajes se levantan y pasamos gratis. Hay que
cargar combustible y revisar los neumáticos, de manera que apenas se normaliza el tránsito por la
autopista, buscamos una estación de servicio -Shell o Petrobras- jamás YPF pues
nunca tienen nafta y además no operan con tarjetas. En las Shell si bien
reciben tarjetas, si pagas con ella, el precio se recarga en 10%, lo que hace que
el litro de gasolina sea más caro que en Chile, bordeando los mil pesos por
litro, algo curioso -por decir lo menos- en un país en que a borde de muchos
caminos encuentras pozos petroleros, en la estación de servicio hay wi-fi, que
no funciona, y para revisar la presión de los neumáticos, hay que echar una
moneda en la respectiva maquinita, insólito....país de opereta!
Seguimos
nuestra ruta hacia San Luis por un
camino de dos vías que tiene un incesante tránsito de camiones en ambos
sentidos, lo que hace más lento nuestro viaje, lo que sumado a que cada ciertos
tramos hay unas enormes señaleticas que anuncian cruce de trenes y hay que
reducir la velocidad, pero al llegar al cruce no hay ni líneas ni trenes, aún
mas, los costados del camino están cercados pues se trata de terrenos
privados...muy raro. Será posible que la señora K se halla llevado los
durmientes a la quinta de Olivos?...capaz que sí.
Estamos
llegando a un caserío llamado San Andrés de Giles, donde un policía nos detiene
y me dice que he cometido una infracción pues estamos en zona urbana, pide los
documentos y nos conversa relajadamente, preguntándonos de dónde venimos (…de
París, obvio), cómo lo hemos pasado, etc. Finalmente me dice que debo
acompañarlo a la comisaría para firmar la multa, pues la supuesta infracción
está grabada en las cámaras de seguridad del municipio ( dudo que tengan
cámaras si no hay ni trenes ni internet y si los caminos en muchos tramos no
tienen sus vías demarcadas, ni soñar con ojos de gato o barreras de seguridad
con reflectantes) Al entrar a la comisaría, me hace pasar a una oficina y
cierra la puerta, como para tratar un asunto privado...algo huele mal, huele a corrupción. Me explica que debe
retenerme a licencia y que para recuperarla hay que pagar una mula que cuesta
988 pesos argentinos, unos 100 mil chilenos, mostrándome una verdadera lista de
precios colgada en la pared de la oficina. Entre tira y afloja, finalmente la
coima nos cuesta 400 pesos, una estafa de país menos que tercermundista, que
indigna, pero que nos deja sin alternativas, pues se supone que en un día más
estamos en Chile y a juzgar por lo que hemos visto cómo funciona este país,
pagar una multa ha de ser una odisea, que obliga a exponerse a más funcionarios
corruptos, que duermen siesta y que se mueven al ritmo de las tortugas, que
además nos puede llevar por un laberinto de corrupción aún peor, un abuso que
en un país que se ha quedado tecnológicamente atrás, es posible y que al parecer
nadie hace nada por cambiarlo, pues de la corrupción de la policía argentina
vengo oyendo desde que era chico...bueno desde que era niño, pues sigo siendo chico.
Definitivamente,
y a medida que salimos de la Capital, este país parece retroceder en el tiempo,
da la sensación de que los caminos suburbanos son un pasaje al pasado, pues la
provincia está completamente en el pasado, calles viejas, con suerte encuentras
un semáforo, si es que funciona, calles en cuyos cruces no hay señalética, lo
que hace un peligro manejar y qué decir de los medios de pago y la red de
internet...ya no me parece un país de opereta, sino que derechamente un país de
mier..!
Seguimos
nuestra ruta, ahora hacia Villa Mercedes, pues la lentitud del trayecto y el
numerito del corrupto policía, nos ha quitado tiempo y debemos llegar a una
ciudad a una hora que nos permita alojarnos en algún hotel, como supondrán, no
tenemos reserva pues como no ha habido wi-fi disponible no tuvimos posibilidad
de hacerlo antes. En el trayecto volvemos a cargar combustible, tomamos un café
y compramos unos quesos de la zona...previa espera a que la encargada del local
aparezca, pues estaba sacando la vuelta en el restaurant de enfrente!
El
paisaje ha cambiado y la densidad del tránsito ha disminuido, lo que hace que
avancemos a mejor velocidad, claro está que el parabrisas se inunda de
mosquitos suicidas que cual Kamikaze se arrojan de frente a nuestro auto, son tantos
los bichos aplastados que un olor a pantano se cuela al interior de la cabina y
el liquido limpia parabrisas se acaba. En contraste el paisaje es muy bonito,
vamos surcando un camino que a ambos costados tiene unos pantanos llenos de
juncos y que a esta hora refleja sobre sus aguas el atardecer, de manera que el
cielo y el agua parecen oxidados y los juncos se convierten en negras siluetas
danzantes (que poético suena) parece un cuadro o una postal del tipo Village,
para escribir sobre ella algún poema o pensamiento...nada que ver con la oscura
y asquerosa corruptela de San Andrés de Giles, que de giles no tienen
nada!
Finalmente
llegamos a Villa Mercedes un lugar que parece una ciudad de provincia de los
años 70, acá perfectamente podría filmarse una serie como Twin Peaks, cuya
música oímos en el auto. Consultamos a un policía (que susto!) por algún hotel,
nos indica una dirección, llegamos fácilmente...pero encontramos un cartelito
"cerrado por reparaciones"..Grrrr...ya saben : país de m...!
Por
suerte, en la siguiente esquina hay un letrero que ofrece departamentos
amoblados a turistas por días y semanas, el letrero está bien hecho, con letras
de molde y sin faltas de ortografía, por lo que asumo que el lugar debe ser
igual de cuidado. Ya es casi medianoche, así es que no creo que haya muchas
alternativas, por lo que decido llamar al número que ahí se anuncia, sólo
espero que el celular funcione -estamos en la Argentina
profunda...profundamente precaria-, en el segundo intento, luego de digitar como
doce dígitos logro comunicarme, el precio es razonable e incluye cochera, lo
que es importante para nosotros pues nos permite dejar el auto cargado y solo
bajar lo indispensable para pasar la noche. Una vez instalados, salimos a
buscar algo para comer, encontramos una suerte de Pub, de seguro el Pub del
pueblo, donde pedimos una pizza para llevar, mientras esperamos, vemos a una
chica que oficia de bartender, preparando un “Gancia Batido”, que es un
refrescante trago largo, que años atrás probé en Córdova y que en varios
lugares en los que cenamos pedí sin resultados, "que no lo conocen",
"que no hay público para ese trago" (me siento como si hubiese pedido
un "jote" en el Hyatt), la cosa es que aquí hay Gancia Batido y no
dejaré este país de m... sin mi cuarto de Gancia Batido...Ahora!
Es
viernes, llevamos 4.200 kilómetros y nuestro destino es Santiago con escala en
Mendoza, donde almorzaremos y haremos una breve pausa, para seguir y llegar
antes de las 19 horas, hora tope para cruzar a Chile. Antes de partir pasamos a
la gasolinera YPF del pueblo, donde nos dicen que no hay gasolina y que llega después
de las 2 de la tarde....Grrrr!, seguimos hasta otra estación de servicio, donde
hay gasolina pero no se reciben tarjetas de crédito, solo efectivo - que se fue
en la coima- y tarjetas de débito, pedimos que llene el estanque pero al pagar
la tarjeta no funciona, que hacer? vaciar el estanque a través de la ley de los
vasos comunicantes?, quedarnos a lavar autos... por suerte una de las tarjetas
de Klaus funciona. Llegamos a Mendoza a las 2 de la tarde, almorzamos en la
terraza de un restaurante en el centro de Mendoza...para olvidar, pedí una ensalada que en la carta se veía muy
atractiva, pero que al ser servida fue una decepción, pues se supone que
incluía choclo, pero venía coronada con un maíz tan seco como para darle a los
pollos!
De
repente, nos enteramos que el paso desde Uspallata (último caserío antes de
cruzar la frontera) se cierra a las 4 de la tarde y ya son las 3:30, así es que
salimos disparados de Mendoza, buscando la ruta 7 que nos lleva a Chile, atrás
quedaron nuestras intenciones de pasar por un lugar para comprar alfajores,
vino y aceite de oliva (cuando lean esto entenderán lo escuálido de los souvenirs).
Estamos a 75 km de Uspallata, hemos avanzado a buena velocidad y pasado dos
barreras de Gendarmería argentina que no nos han parado, lo que nos hace pensar
que aún es hora de llegar al complejo de Cristo Redentor, es decir vamos bien,
salvo por un detalle, la luz de alerta de combustible se ha encendido y se
supone que la reserva es para 50 ó 60 km. y nos faltan aún 75, sigo avanzando
por este despoblado pensando qué hacer si el auto se detiene y dejando de
acelerar en las bajadas, vamos todos en un silencio tenso y eso que no les he
dicho a mis amigos y compañeros de viaje que la aguja del marcador está ya bajo
la línea del cero, trato de concentrarme en avanzar sin fijarme en el marcador,
voy rogando porque aparezca una estación de servicio, ya faltan 9km, pienso es
sólo un litro el que necesito para llegar a Uspallata, nuestro fiel Subaru
sigue raudo como si nada, faltan ahora sólo 6km, pienso que si yo troto
habitualmente entre 5k y 6k, no será tanto ir y regresar con un bidón de
combustible, pero al ver el sol que pega en este descampado, se me hace una
travesía muy pesada...ya restan sólo 2k. Finalmente llegamos a Uspallata y
vemos un cartel "nafta a 2km".. el auto sigue su curso con el olor o
la inercia o quizás gracias a algún campo magnético o derechamente de puro
milagro, al fin llegamos a la estación de servicio. Estoy seguro de que si
apago el motor, este no prende más, de manera que no lo apago hasta que nos
dicen que sí hay gasolina súper y que podemos pagar con pesos chilenos, pues en
esta estación sacada del lejano oeste, no conocen de tarjetas ni de comercio
electrónico. El bombero nos dice que el paso hacia Chile en Uspallata es hasta
las 5 de la tarde y son las 4:55, por suerte estamos a pocos kilómetros, logramos
llegar a las 5:01, el gendarme ya tienen una barrera en el camino y nos dice
que son las 5:10, le decimos que no, y que cómo nos va hacer devolvernos, si
supiera la travesía de esta última hora y media, al final nos deja pasar, me
quedó con la sensación de que esperaba una coima, con eso de adelantar su
reloj...no me extrañaría! Verdaderamente, estoy ansioso de regresar a mi país,
que es un lujo de país, donde todo funciona, hay un orden para todo, la
corrupción está confinada a algunos grupos políticos y de poder, pero nunca un
carabinero te pedirá dinero. Argentina parece ir en retroceso, y pensar que es
un país con grandes recursos, el granero del mundo se le llegó a llamar, una
muestra de cómo las políticas públicas, la seriedad (o la falta de ella) de los
gobernantes, la corrupción extendida y el sentido del esfuerzo o la desidia
hacen la diferencia.
Al
fin entramos al túnel del Cristo Redentor y pasamos el hito que indica que ya
estamos en tierra Chilena, no puedo evitar tocar mi bocina con un "chi chi
chi.." que gusto volver a casa y a nuestro país que por algo se compara
con los estándares de la OCDE.
Ha
sido una gran travesía, hemos recorrido 4.850 km. virtualmente surcando un
corredor bi-oceánico, desde el pacífico al atlántico y visitando varios
lugares, Punta del Este y sus balnearios fue sin duda lo mejor de este viaje,
gente muy amable, rica comida, unas playas que parecen piscina, lugares increíbles
y únicos. La ciudad de Rosario pese a que estuvimos sólo por una noche, también
me pareció muy interesante, lo mismo que Montevideo y Colonia, lo mejor de todo
es que disfrutamos de unos días de descanso, cultivamos la amistad y la
tolerancia, pese a convivir 24/12, no nos faltó la cordialidad ni el buen
humor, vivimos lo anecdótico, lo divertido, lo cansador de algunas largas
jornadas de conducción, comimos cosas ricas, nos reímos de muchas cosas, de nosotros mismos y de la forma de
hacer radio en Uruguay y Argentina, de los comerciales de radio Aspen, etcétera.
Nos
queda un gran recuerdo de una entretenida travesía, ahora a la realidad
cotidiana, pero con el gusto y el privilegio de haber viajado, vivido y conocido.
RGR/Febrero
2013
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