Travesía Perú 2007
Santiago – Lima – Cusco – Puno - Lago Titikaka
Día 1:
03:30 horas, me levanto para ir al aeropuerto. A las 04:30 debo hacer el chequeo correspondiente. No he dormido más de dos horas, pero iniciar un nuevo viaje es suficiente motivación para vencer el sueño y el frío de esta madrugada de Mayo. A las 05:50 ya estoy en la sala de espera, el embarque será dentro de 40 minutos, nunca tengo apetito a esta hora, pero decido tomar café y comer un par de donuts, para acompañar dos aspirinas que espero conjuren un incipiente resfrío. Aún es de noche en Santiago, cuando nos elevamos sobre la ciudad, el despegue es puntual, y el servicio cordial y amable, lo que echa por tierra mis prejuicios sobre esta línea aérea, que no conocía y que puso un signo de interrogación a mi periplo, cuando la agencia de viajes me informó los vuelos y la línea que los operaría. En realidad, se supone que este es un vuelo Lacsa, pero operado por Taca...cosas de la aeronáutica. La fauna a bordo es variopinta, con marcados acentos autóctonos, la película es en realidad mala (para mi gusto, pues es una de esas típicas comedias de absurdos americanos que a mucha gente hace reír a carcajadas y que a mi me hace pensar en la estupidez humana…reconozco que soy algo grave).
09:48 llegamos a Lima, con puntualidad casi británica, bien para un itinerario latino. Hay acá una hora de diferencia respecto de Chile, de manera que sigo acumulando déficit de sueño.Mi transfer hacia el hotel ya estaba esperándome con una de esas típicas pizarras en las que aparece tu nombre “en letras de molde”, me recuerda la llegada de artistas al festival de viña, claro que mi fan es apenas uno …y obligado. (deprimente)
El chofer del taxi es una persona bien amable, excesivamente amable a decir verdad, servil es el termino preciso, lo que me incomoda un poco, En todo caso es de mucha utilidad, pues me cuenta todo lo que hay que ver en Lima, los sectores donde hay buenos restaurantes y algo sobre las condiciones del clima. El taxi es un auto bastante roñoso, un station wagon viejo, aunque enchulado, de marca indeterminada. Avanza raudo en un caótico tránsito donde la bocina es la ley. El sector donde se encuentra el aeropuerto es el distrito de Callao, un sector extremadamente pobre y antiguo, siento retroceder al Chile de los 70. Minutos más adelante avisto el mar, acá el océano pacífico es bastante calmado y de aguas oscuras, con un tono levemente café, las playas son una angosta faja de piedrecillas y arena gruesa. Viajamos ahora por una suerte de costanera, que da cuenta de las diferentes clases sociales de Lima, imaginen viajar desde Cartagena a Viña del Mar, la estética de edificios, plazas, parques y jardines varía en esa misma dirección. Llegamos a Miraflores, el distrito “nice” de Lima, que es similar a la avenida San Martín de Viña, edificios altos y modernos y bien cuidados jardines.
Una vez acomodado en el hotel, aún cuando tengo sueño, decido salir a recorrer el sector, tomar algunas fotos y almorzar, luego a las 14:30 horas vendrá un transfer a buscarme para un city tour por Lima Colonial. Camino hacia la costa, hace calor y hay humedad, no es muy agradable, pero habrá que acostumbrarse. Voy hacia el malecón, como dicen acá, hay un gran parque con vista al mar y a las playas desde la altura de Miraflores, acá hay un gran barranco y abajo una angosta playa como ya expliqué. Hay un hermoso parque con una gran escultura llamada el beso, que obviamente muestra a una pareja besándose, la plaza central está rodeada de una serie de muros adornados con los típicos azulejos sevillanos, muy morisco, donde además hay una serie de poemas populares, dedicados al tema de siempre …el amor. Claro que algunos parecen poemas “Zamorano style” ( se acuerdan de eso de “cuando tu no estas no puedo ni respirar….”). Después averiguaré que este parque está inspirado en el Parque Guell de Barcelona, de ahí su estilo morisco. También que cada 14 de febrero se hace una competencia para quebrar el record del beso de mayor duración, el último registro fue 46 minutos.
Creo que he caminado bastante, pues el edificio que tomé como referencia para regresar al hotel se ve bastante lejano. Me han dicho que acá el Pacífico hace honor a su nombre y que además es bastante más templado que nuestro litoral central, siento deseos de bañarme en aguas peruanas…como diría el loco de Chavez. Sin posibilidades ni tiempo de bajar a la playa, decido ir hacia el centro de este distrito. Ver una ciudad en movimiento cotidiano es una buena manera de entender a un país y su gente, por ejemplo, acá pese a ser una capital, el ritmo es bastante menos presuroso que el de Santiago, pese a que como ya comentara el transito es un caos total, con muchos autos viejos, destartalados y enchulados, hay una serie de taxis muy chicos tipo “Tico” pintados de varios colores, que no usan taxímetro, las tarifas se negocian antes de abordar el vehículo y los precios pueden fluctuar de manera sorprendente. Idealmente hay que usar el servicio de taxis acreditados como SETAME, en el cual se identifica al conductor y al propietario del vehículo, dicen que acá puedes tomar un taxi al aeropuerto, y llegar directo al cielo, claro que no en un avión y… si es que en tu vida te has comportado relativamente bien.
Ya es cerca de medio día y mi organismo exige alimento, decido buscar algún restaurant, llego en forma intuitiva (quizás olfativa) a un parque en cuyas avenidas se encuentra una serie de restaurantes, hay además una caseta de informaciones turísticas, de manera que decido asesorarme, me dan un mapa de Miraflores (esto me recuerda la Unab Viña) y una tarjeta para un restaurant de turismo a no mas de 3 cuadras de acá. Llegó al restaurante “Señó Manuel”, un enorme local, tipo Bali Hai, claro que sin espectáculo a la hora de almuerzo, el servicio es tipo buffet, hay poca gente (hoy es jueves) y de partida pido el necesario Pisco Sour Peruano, imperdonable en Lima pienso. Voy al mesón de entradas y escojo cebiche, ensalada de camarones, y unos choritos al rocoto, todo muy rico, especialmente el cebique que acá aderezan con una de las tantas variedades de choclo y esas sabrosas cebollas moradas. Ahora es tiempo de los platos fríos no marinos; causa limeña, escabeche de pollo, papas a la huancaína y choclo con salsa de maní, acompañado de un segundo pisco sour, que aparece en mi mesa por arte de magia, junto a una chicha morada (en realidad un jugo de una variedad de choclo). Finalmente me ofrecen platos caliente, la verdad es que no tengo ya apetito, solo escojo un poco de arroz blanco y una cucharada rasa de ají de gallina, otra de seco de cordero, y una más de lomo saltado. Como imaginarán mi anatomía tiene su correlato en mi estómago, de manera que ya no puedo comer más. De repente me doy cuenta de que a las 14:30 me pasan a buscar al hotel para el city tour, pregunto la hora, son las 13:45, debo caminar raudo al hotel, aun no he cambiado moneda local, de manera que ni pensar en taxis, además de que un taxi en Lima puede ser peligroso. Según mi plano de Miraflores no estoy muy lejos, llego al hotel a las 14:05, incluso tengo tiempo para recostarme un rato y dormir unos 10 minutos muy reponedores.
Ya estamos en la van de turismo, en el grupo hay cuatro españoles muy cómicos, que bromean todo el trayecto, son realmente muy divertidos, uno de ellos es la burla permanente de los otros, pues compra todo lo que le ofrecen, cada vez que volvemos al vehículo de turismo, empieza a repartir souvenirs que ha comprado a todo quien le ofrezca algo…los regala y dice “ pos hecho en Perú”… es muy cómico.
Este periplo me demuestra que Lima va de menos a más, pues lo lúgubre y pobre del sector de Callao contrasta con la modernidad de Miraflores, el señorío de San Isidro y la espectacularidad de su casco antiguo, con construcciones coloniales muy bien conservadas y plazas muy limpias y ordenadas. Visitamos el museo del oro, y un monasterio en el que hay unas antiguas catacumbas, llenas de tibias fémures y calaveras, sería el paraíso de los anatomistas de la universidad.
Regreso al hotel, ducha, cambio de ropa y voy al bar del hotel por mi welcome drink, luego voy a buscar un lugar para comer y a conocer algo de la noche limeña, sólo algo pues mañana viene el transfer al aeropuerto a las 03:30 am, otra noche de vigilia.
Recorro “Larcomar” una suerte de Portal La Dehesa, pues es al aire libre y con tiendas top, claro que más frío pues esta a un costado de la costanera, es decir recibe la brisa marina. Hay además el típico patio de comidas (trash Food), cines y algunos locales de mejor calidad en cuanto a comidas, una suerte de boulevard como en Parque Arauco. Escojo uno de estos locales, consumo algo liviano y un te de frutas, es algo que estaba echando de menos, una buena taza de té. De regreso al hotel me encuentro con varios casinos, hay más de seis sólo en este distrito, y todos con una estética estilo las Vegas, es decir marquesinas llenas de luces en movimientos incesantes…contraste total con las barriadas del sector del aeropuerto, pienso. La tentación de probar suerte en estas tierras es grande, pero mañana debo madrugar para ir a una ciudad a más de 3.400 m.s.n.m., de manera que será bueno llegar descansado a Cusco.
Día 2:
Nuevamente a las 03:00 a.m. en pie, a las 04:00 debo estar en el aeropuerto, así es que rápidamente volver a armar equipaje, y esperar al taxi, que llega puntual. La ruta al aeropuerto vuelve a sumergirme en el tiempo y regresar a los ’70, el contraste además con el distrito de Miraflores es abismante. Las casas lucen a medio terminar, con fierros a la vista y sin pintura, lo que averiguo, obedece a que mientras no terminas una casa, no pagas impuesto territorial, (contribuciones). Esta vez tengo un vuelo casi vacío, de manera que pienso en que podré estirarme en la fila de asientos que dispongo toda para mi, craso error, pues el vuelo es muy breve 1 hora 15 minutos, tiempo que apenas alcanza para un café con un pastelillo y un jugo de naranjas, y para oír algo de música y escribir parte de estas líneas, al ritmo de Moby, ritmo que también parece llevar este avión pues a ratos se mueve bastante. La imagen de las montañas cubiertas de vegetación es sorprendente, pues nuestros Andes siempre los vemos como enormes formaciones rocosas, escasos en vegetación.
Una vez instalado en el hotel en Cusco, (que en lengua quechua significa Ombligo del Mundo) decido recorrer la ciudad, hay sol, pero un aire excesivamente helado, es decir clima de montaña. La ciudad de piedra es realmente hermosa, hay infinidad de catedrales e iglesias, parece que la idea de los españoles era dejar muy en claro que ellos habían conquistado estas tierras y que las culturas ancestrales debían aceptarlo y adaptarse. Llego a la plaza de armas donde hay un desfile de infinidad de colegios, todos los alumnos con sus uniformes impecables desfilando alrededor de la plaza y saludando a un improvisado palco oficial. Es bien pintoresco, logro saber que se celebra algo relacionado con el mar, recuerdo al mismo tiempo que por estos días se exhibiría en TVN la serial Epopeya, por lo tanto mejor ni decir que soy chileno…la contienda es desigual.
Almuerzo en un típico local de comida peruana, una “picantería” le llaman acá, sopa de zapallo, pollo frito con papas y ensalada, chicha morada para beber y arroz con leche, bien sabroso y muy económico (5 soles), realmente por el precio se diría que es una picantería, pero la verdad estaba muy bueno.
A las 14:30 nuevamente city tour, puntualmente estamos sobre el minibús y comenzamos a recorrer los alrededores, visitando varias construcciones y ruinas del imperio inca o del Tawantinsuyo como correspondería decir en lengua nativa. Es sorprendente ver la perfección de las construcciones y su estado de conservación tantos siglos después. Sin duda estas culturas ancestrales y otras preincaicas han dejado una huella indeleble en estas tierras.
La noche cusqueña es bastante movida, hay muchos restaurantes y pubs, un par de discotecas y mucha gente por todos lados, la mayoría turistas jóvenes (como yo). Elijo un restaurant más bien vanguardista, los locales tradicionales presentan bailes y show típicos y la verdad es que prefiero un ambiente más tranquilo y actual. Hay una buena mezcla de ritmos andinos en estilo lounge, la carta es bien variada, hay vino en copas, lo que se agradece y un buen aperitivo, en eso estoy cuando aparece un conocido, otro chileno, ex colega de la UST a quien le había perdido el rastro desde mi ida a Viña. De seguro esta es una sorpresa que me había preparado Inti, grata sorpresa por lo demás. Como imaginarán, las anécdotas del viaje, él viene llegando de Machu Picchu y yo voy pasado mañana, los recuerdos, historias y uno que otro sano pelambre hace extensa la sobremesa y los bajativos, realmente ha sido muy grato y muy curiosa esta coincidencia. Son las 2 a.m. y estoy llegando al hotel, mañana debo levantarme a las 07:00 pues a las 08:00 hay un tour de todo el día a varios lugares de los alrededores de Cusco.
Día 3:
08:15, ya estamos rumbo a Ollantaytambo, Urubamba, Pisac y Chinchero, cuatro destinos que incluyen ruinas, valles sagrados, templos artesanías y almuerzo. Luego de visitar un centro de artesanías, donde descubro que la inflación en Perú es sólo una teoría, o quizás el lugar que haría inmensamente feliz a nuestro ministro de hacienda y su vapuleada “depreciación acelerada”, me explico: tengo una colección de mini mugs o jarritos con escudos o imágenes de las ciudades que he visitado, justo en este centro de artesanías hay una mini réplica de los típicos vasos de ceremonial inca, mientras lo observo se me acerca uno de los dependientes y me dice en su típico acento y modo “cinco soles señorcito”, me parece un precio razonable, pero como hay muchas repisas con artículos decido seguir mirando antes de comprar mi recuerdo. Finalmente regreso al lugar de las cerámicas y al tomar el jarrito se me acerca una niña quien me dice “señorcito, un sol, por favor”, le pregunto ¿un sol por este jarro?, sí..por favor, casi se parece a las ofertas relámpago de Jumbo, pago antes de 3 minutos.
Al volver al bus, nos sirven un mate de coca, para la altura, yo tengo sueño y sed y sé que no es la altura, el soroche o la puna, simplemente – y honestamente- es el “after day”.
Llegamos al Templo del Sol, en Pisac, un sitio de observación astronómica en ruinas, pero que aún conserva sus recintos principales y las características que han permitido deducir que estas construcciones tenían ese destino. Acá nuevamente podemos apreciar la perfección de las construcciones incas, y los diferentes estilos y terminaciones en función del destino de los recintos. Obviamente aquellos destinados al culto de sus dioses presentan muros con perfectos bloques de piedra, prolijamente pulidos y con un calce exacto entre uno y otro bloque. Imaginar como lograron esta perfección y cómo trajeron todas estas rocas desde lejanas canteras es un enigma. Es preciso (esta es una típica expresión limeña) decir que para llegar a este observatorio hemos caminado unos 45 minutos y subido varias escalinatas por otros 20 minutos, un esfuerzo que la altura y el día después, pasan la cuenta.
En este lugar hay una perfecta representación de “la chacana” que es una importante trilogía inca, que representa tres mundos, el mundo superior, de los dioses y astros, el mundo presente, de los seres vivos y el mundo de los muertos o el más allá.
De regreso al bus, bordeamos ahora el río Urubamba (a mi me recuerda el Baker en la undécima región), pues serpentea entre dos cajones montañosos y se ve tan torrentoso y profundo como aquel. Después averiguaré qué también se practica rafting de alto riesgo en este río. Llegamos a San Jerónimo un caserío en la ribera del Urubamba donde almorzamos.
En la tarde arribamos a Ollantaytambo, donde se ubica la ciudad sagrada y hay además en perfecto estado de conservación una ciudad inca que no es un museo, sino que se utiliza como tal, es decir hay construcciones incas en las que hoy habita gente o se utilizan como lugares de comercio u otras actividades. Acá hay que subir infinidad de escalones de piedra para llegar a la cima del lugar, los lugares más altos estaban reservados a los dioses, a los sacerdotes y a los líderes de estas comunidades. Nuevamente sorprende el perfeccionismo de las construcciones y las diferencias de estas en virtud de las diferencia de casta de quienes las habitaban. Hay además en el cerro de enfrente unas construcciones muy curiosas, se trata de los graneros y “refrigeradores” donde los incas almacenaban sus víveres, ellos aprovechaban el viento frío de las alturas para la conservación de sus alimentos.
Ahora vamos a Chinchero, un lugar en que la gran atracción es una iglesia construida sobre un templo inca, de manera que los cimientos siguen la típica estructura inca, y donde además se fabrican los tradicionales telares peruanos.
Visitamos una comunidad de tejedoras, quienes nos muestran el proceso de lavado, hilado, teñido de la lana de alpaca y luego la forma como se trabaja en los telares. Es bien interesante y llama la atención el escaso valor que obtienen por su trabajo, por ejemplo una alfombra de medianas dimensiones, tarda un mes en ser tejida y la venden en USD 100. Vamos a la iglesia, para variar hay que subir otros tantos escalones, a3.700 m.s.n.m., la iglesia se destaca además por los frescos que hay en el cielo de la nave principal, le llaman la capilla sixtina de Perú….algo pretencioso, pienso. Es curioso observar la mezcla de dos culturas, la hispano-católica con la inca, mezcla que se plasma en la iconografía religiosa, muchas pinturas de corte religioso incluyen elementos típicos de la cultura inca, el cóndor, la serpiente, la chacana, el sol y la luna y animales típicos como el cuy. Me recuerdan esos pesebres navideños del campo, los que se adornaban con elementos propios de la localidad, aunque no tuvieran nada que ver con el entorno de Belén.
Regresamos a Cusco a las 19:30 horas, tiempo escaso para una ducha y cambiarse de ropa. Quedamos con José mi colega y compatriota, para cenar en uno de esos restaurantes típicos con show de bailes, aún tengo que pasar por algún local para traspasar las fotos de la cámara a un CD a fin de liberar la memoria, mañana voy a Machu Picchu, el plato de fondo de este viaje.
Nuevamente es un restaurante buffet, por supuesto partimos con un pisco sour, que es una delicia en cualquier local de Perú, ya casi estoy convencido de que el pisco sour es peruano, también me siento una suerte de “vendepatria” por esta afirmación. Hay mucha comida, bastante buena y variada, hay una especie de estofado de Cuy, que creo es la única alternativa que tengo de probar esta típica carne peruana, al menos no llegará a mi mesa un plato con un cuy crucificado, adobado y rodeado de papas, la visión sería suficiente para omitir el bocado. Al menos en un guiso, el cuy es un trozo de carne (pienso en las leyendas sobre la comida china). En realidad, la carne es bien sabrosa, tiene eso sí un cuero muy grueso, parecido al que ves en un arrollado de cerdo, la textura eso sí es algo dura, “gomosa” diría un crítico gastronómico, parecen calamares mal preparados. La otra variedad que pruebo es la alpaca, esta vez se trata de una carne bastante magra, sin grasa, bien sabrosa y dicen muy sana, me gustó. El show de bailes es entretenido, aunque uno no logra distinguir las diferencias entre el folclore peruano, boliviano e incluso el del norte de Chile, de seguro la raíz es la misma, lo interesante sería conocer el verdadero origen de estas danzas, vestimenta y música, para atribuirles la autoría correspondiente. Esta vez la sobremesa es breve, pues José quien ya viene de vuelta de esta aventura andino-incaica, ya tiene varias horas de déficit de sueño, además del cansancio natural post-Huayna Picchu, por mi parte mañana debo estar listo a las 06:00 am, hora a la que me pasan a buscar con destino a la estación de trenes, para ir a Machu Picchu.
Día 4 :
Ya estoy a bordo del tren a Machu Picchu, esta es la única vía de acceso a Aguas Calientes, pueblo aledaño a la ciudadela inca, que sirve de base para todas las actividades. La otra vía de acceso es el camino del inca propiamente tal, una ruta que demora entre 3 y 4 días, con pernoctación en carpas. Me habría gustado hacer esta ruta, pero hay que reservar cupos con varios meses de anticipación. En todo caso, al ver in situ las condiciones de la travesía, el efecto de la altura y el clima, creo que he tomado una buena decisión en optar por la ruta convencional. Este viaje es el más curioso que he tenido en mi vida a bordo de un tren, pues la vía férrea es un zigzag, lo que significa que el tren avanza hasta un determinado punto, se detiene, cambia de anden y luego retrocede por una nueva vía, hasta otro punto, donde se repite el cambio de anden y ahora avanza de nuevo, más adelante se repetirá el mismo proceso al menos un par de veces más. Esto obedece a que Cusco esta en un valle rodeado por un estrecho cajón montañoso, lo que obliga a salir del valle en esta forma, pues no hay espacio suficiente para un trazado ferroviario con curvas. Lo propio viviremos al llegar a Aguas Calientes. Se imaginarán la cara de pregunta de los gringos al ver al tren retrocediendo…la dimensión desconocida deben creer.
El viaje es cómodo, aunque hace frío, por suerte hay servicio de café en este tren. Mis compañeros de asiento son 3 jóvenes con pinta de gringos (dos mujeres y un hombre), con los que no tardamos en establecer un dialogo, necesario por lo demás pues tenemos un tiempo de viaje de más de 4 horas. Ellos son americanos, pero trabajan en Santiago como profesores de Inglés, me cuentan que habían apostado a que yo era chileno, claro que con la pista de mi jockey del Cirque du Solei, ellos se acordaban que este espectáculo se presentó en Chile el año pasado. Son bien simpáticos y divertidos. Para los 4 este es nuestro primer viaje a Machu Picchu.
El tren bordea por momentos el río Urubamba, hay un hermoso paisaje y en algún momento divisamos a un grupo de valientes que hacen el camino del inca a pié. Esta nublado y frío y no parece que vayamos a ver el sol este día, ojalá no llueva.
Son casi las 11:30 cuando llegamos a Aguas Calientes, esta lloviznando suavemente. Ahora nos reunimos el grupo que vamos guiados por un mismo oficial de turismo, hay gente de todas las edades y nacionalidades, (pienso en la torre de babel), diviso a una pareja de brasileños con los que compartimos el tour de ayer a Ollantaytambo, …ya tengo a quien pedirle que me tome una foto. Nos dan un par de instrucciones, y nos indican cuales son los buses que nos llevaran desde Aguas Calientes a Machu Picchu. Una vez en la entrada al parque nacional, comienza una lluvia propiamente tal, la que irá en aumento a medida que avanzamos en nuestro recorrido por este maravilloso lugar.
Apenas cruzo la barrera de acceso al parque, me encuentro con la típica imagen del Huayna Picchu y la ciudadela inca a sus pies, es bien sorprendente e impresionante. Las nubes bajas que se cruzan por delante del Huayna Picchu le dan a la escena un aspecto bastante especial además. Cual scout, me pongo mi protector para la lluvia, para no mojarme demasiado e iniciamos junto al guía nuestro recorrido por este lugar, no sé si es por la lluvia o es habitual, pero hay demasiado parloteo de mucha gente, lo que no me parece del todo agradable, decido ponerme los audífonos del mp4 y escojo la música de Vangelis, para acompañar las visiones de esta maravilla y anular el parloteo de la gente (que es mucha) con la agradable música de este griego. Prefiero el silencio y la contemplación en este tipo de situaciones, se supone por lo demás que estos son lugares sagrados. El guía tiene un tremendo vozarrón de manera que puedo perfectamente oír sus explicaciones y al mismo tiempo carros de fuego. Algunas de las explicaciones respecto del tipo y características de las construcciones incas, me parecen conocidas, incluso repetidas, lo que me alegra, pues pienso que si distintas personas relatan lo mismo, la credibilidad de la historia mejora. Buen punto. A propósito de guías, ninguno se ha referido a Chile o a nuestro territorio, como tierras peruanas que fueron expropiadas o usurpadas por los chilenos, lo que no le sucedió a mi coterráneo, quien se vio en la obligación de rectificar a un guía y exigirle la versión real e histórica. Bien por ese chileno que defiende nuestra soberanía.
Nuestro recorrido por los distintos lugares de la ciudadela inca, dura más de 3 horas, al cabo de los cuales estamos todos empapados, pues la lluvia inicial se transformó en un pequeño temporal de lluvia y viento. Por primera vez entiendo el alcance literal de los titulares de revistas como GeoMundo o National Geographic del tipo “Empápese de la cultura Inca en un recorrido por sus ancestrales construcciones”. ( ¿Existe aún Geo Mundo?...tengo la duda)
Hora de almuerzo, tengo programado un almuerzo en Aguas Calientes en el Hatuchay Towers, nuevamente servicio buffet, muy abundante y sabroso, pido Pisco Sour de Aperitivo, para el frío, digo yo. Todo exquisito, como bastante, pues la lluvia, el frío y la caminata me tienen con un apetito voraz. Comprensible si se considera que desayuné a las 05:30 am, y que en el resto del día solo he comido un snickers y un par de tazas de café y una botella de agua mineral. Hay además un mesón de postres que incluyen algunos pasteles y el buffet incluye café y bebidas calientes, decido probar un pie de maracuyá con una buena taza de café, muy bueno, me repito. He almorzado lentamente, ya son más de las 5 de la tarde, hora apropiada para instalarme en mi habitación de la Hostería La Cabaña. Es un bonito lugar muy bien atendido, no era para menos, pues los administradores son una pareja de chilenos (Vanesa e Igor), quienes se muestran muy alegres de ver a un compatriota por estos lados, me dicen que hace tiempo no veían a algún chileno y menos a alguien tan simpático como yo (los entiendo). Aprovecho el secador de pelo del baño para secar mis jeans (el único uso que le podría dar a este adminículo, razones obvias) y me sirvo un mate de coca que me ofrecen como cortesía.
Después de una buena ducha tibia y ropa seca, aunque en verdad sólo tengo un par de short, decido salir a conocer este pueblito de aguas calientes, en parte me recuerda a San Pedro de Atacama, ya no llueve. Mañana espero ver los primeros rayos de sol sobre Machu Picchu, lo que quiere decir que debo estar a las 06:30 horas arriba en la ciudadela, es decir hoy habrá que acostarse temprano. Necesito comprar además el ticket de acceso al parque nacional y los pasajes de subida y bajada para los buses. Consultó a la gente del lugar por las perspectivas del clima para mañana, todos me dicen que mañana habrá sol, eso espero. Hay un complejo termal en este pueblo, pienso que puede ser agradable disfrutar de aguas calientes en este frío día, pero José me había dicho que las instalaciones eran más bien precarias, lo que compruebo personalmente de manera que omito esta parte del tour, sinceramente las Termas El Amarillo en la Carretera Austral serían las de Huife al lado de éstas. Ya de noche decido comer algo antes de ir a dormir, no tengo demasiada hambre, aunque sí ganas de una buena taza de té. Voy a uno de los innumerables locales de la calle Pachaqutec, donde terminamos conversando con un gringo, con quien nos reímos mucho de sus intentos de pronunciar “Ollantaytambo”, lugar desde donde vino a Aguas Calientes esta mañana. Se trata de David, un Geofísico que anda de vacaciones, él es de California y anda recorriendo América Latina, ya estuvo en Chile en nuestra Patagonia, quedó muy impresionado de los paisajes y la gente, que orgullo. Compartimos impresiones respecto de Machu Picchu y de todo lo que hemos visto por estos lados. Ya son cerca de las 22:00 horas, mañana debo levantarme a las 05:00 a.m. de manera que me despido de “Mr. Olaytantaybo” y me voy al hostal.
Día 5 :
05:30 ya estoy desayunando en La Cabaña, espero abordar el bus de las 06:15 para ingresar a Machu Picchu a las 06:30 horas. Hay un buen buffet con harta fruta y jugos, consumo además cereales, pensando en que me aportará energía para la travesía de ascenso al Huayna Picchu.
Al llegar a Machu Picchu hay muy poca gente, en contraste con el día de ayer, y todo luce limpio y despejado, hace frío, pero pronto tendremos sol y de seguro mucho calor. Subo a la parte más alta de la ciudadela, el Inti Rayni, a fin de tomar algunas fotos de los primeros rayos del sol sobre este lugar. La visión es bien diferente y creo que será interesante poder comparar luego fotos de un mismo lugar en un día gris y lluvioso y en otro día soleado y claro.
La sensación de tener este espectáculo natural, un día despejado, poca gente a mi alrededor (por no decir que casi nadie) y todo un día por delante (exactamente 10 horas) para recorrer esta maravilla es muy agradable. Ayer tuve las explicaciones del guía y ahora yo definiré mi propio camino del inca.
Decido ir ahora al “Puente Inca”, pocos van para allá, lo que me parece un atractivo adicional. Nuevamente sorprende la perfección de estas construcciones y el ingenio con que fueron concebidas, sin duda una cultura muy visionaria. De regreso de esta ruta me encuentro con un grupo de llamas que parecen posar ante los turistas, tomo una fotografía y un turista me pide si le puedo tomar “one picture with the lamas?”, al final me pide tres fotografías desde distintos ángulos. Se trata de un austriaco que también vino con intenciones de hacer cumbre en la cima del Huayna Picchu, de manera que decidimos emprender esta travesía juntos, luego se nos une una alemana, profesora de profesión, más tarde nos lamentaremos en parte de haber escogido a un austriaco de partner en esta travesía, pues el viene de un país lleno de montañas, donde además hay una muy extendida cultura a la actividad física, a las caminatas y a subir cerros, de manera que es un verdadero experto, al cual no es fácil seguirle los pasos, sólo falta que se pegue unos cantitos en tirolés comentamos. Hay que considerar que la altura afecta, pues hay menos oxigeno, mismo que el esfuerzo demanda. Subir el Huayna Picchu no es una aventura menor, por el contrario es muy exigente, requieres unos 90 minutos ida y vuelta. Además debes registrarte en el acceso y asumir la responsabilidad ante cualquier eventualidad, acá los peruanos se lavan las manos. Hacemos cumbre en el Huayna Picchu, la vista de la ciudadela inca desde estas alturas es verdaderamente extraordinaria, casi me siento un cóndor, realmente vale la pena el esfuerzo de la subida y los incontables peldaños que hay que subir (...y luego bajar). Decido absorber energía de esta montaña, de manera que me recuesto sobre una de las rocas de la cumbre, el sol brilla con intensidad, pero el aire frío de estas alturas modera el efecto. Esto es vida, pienso, al estar acá reposando y disfrutando de la espléndida vista, hemos hecho un break, chocolates, fruta y agua mineral y ahora simplemente descansar... todo bien hasta que aparecen unos mosquitos muy molestosos, de repente miro mis piernas y estoy lleno de picaduras, …sanguijuelas hay en todas partes, reflexiono.
Acá en la cumbre hay un ambiente muy festivo, todos se sienten muy contentos de haber hecho cumbre y de la maravillosa vista que constituye la recompensa a esta hazaña. Llega una pareja de personas mayores, fácilmente bordean los 70 años, todos los felicitamos, son escoceses. Este segundo día en Machu Picchu ha sido especialmente grato, poca gente y un clima excelente, ahora he podido tomar fotos con la calma necesaria y sin la molestia de que alguien se cruce frente al lente justo cuando sacaste la foto. Personalmente prefiero fotos de paisajes sin gente, el lugar en estado natural se diría.
15:30 horas, es tiempo de iniciar el regreso, a las 17:00 parte el tren a Cusco y hay que abordar 15 minutos antes. Esta vez comparto asiento con 3 extranjeros, dos de ellos son unas gringas que apenas dicen “hi” y se enchufan los audífonos de sus respectivos ipod. El tercer pasajero es un holandés, un economista bastante conversador, interesado en conocer Chile y con quien comparamos nuestras vivencias e impresiones incaicas. El viaje de 4 horas se acorta bastante con esta conversación en una imperfecta mezcla de Inglés, Alemán y Español, bien entretenido y cómico especialmente cuando tengo que explicarle el zigzag de la línea férrea, menos mal que Michael es conversador, pues como no logro dormir en los viajes, si no compartes con alguien el viaje se hace eterno.
Ya en Cusco descubro que la agencia de turismo no me ha dejado ningún programa para Puno y Titikaka, decido salir a buscar alguna agencia pues si mañana no salgo hacia Puno, ya no alcanzaré, pues la distancia no es poca (7 horas vía terrestre). Son más de las 10 de la noche y confío en encontrar alguna agencia abierta, esta es una ciudad turística, de manera que no es mucho lo que pido. Tengo suerte pues cerca d la Plaza del Regocijo encuentro una agencia que precisamente ofrece tours a Puno, Lago Titikaka e islas tradicionales, no es caro, tampoco pensaba regodearme, logro quedar inscrito en el grupo que parte mañana a las 10:00. Aprovecho además de “deshacerme de un billete de USD 100 que en ninguna parte me han querido aceptar, pues tiene una ínfima rotura, acá lo aceptan sin inconvenientes, de hecho yo iba a pagar con tarjeta, pero me piden hacerlo en billetes.
Ahora, decido ir a comer, son cerca de las 11 de la noche y quedan pocos lugares abiertos, acá la gente cena muy temprano, tipo 7:30 u 8 de la noche. Encuentro un restaurante italiano que me tinca en el que además hay aún bastante gente en las mesas, “Incanto” se llama y de verdad que es un buen lugar. Me merezco una buena comida y un buen aperitivo, hoy hice cumbre en Huayna Picchu y además ya tengo listo mi último periplo, de manera que es tiempo de relajarse y disfrutar, es también mi despedida de Cusco. Pido un pisco sour, me traen un vaso whiskero lleno de pisco sour con la tradicional gota de angostura.... es un enorme vaso pienso, pero no me quejo. Para acompañar me traen pan italiano y tres variedades de aceite de oliva... excelente, hay además música electrónica que le da ambiente al lugar. Para comer pido unos agnolottis cusqueños (el relleno es en base a productos típicos de la zona) que se sirven bañados en una salsa de queso y albahaca... realmente un manjar....muy muy buenos, los acompaño con una copa de vino chileno (de una viña de Santa Cruz que no conocía, pero que era bueno, el vino peruano es algo ligero por no decir aguado). Son más de las 12:00 de la noche, acá el check out en los hoteles es a las 09:00 horas de manera que aunque no tengo que levantarme temprano, igual tendré que hacerlo, pues es mi última noche en Cusco, y como anécdota final en esta ciudad, puedo contar que de regreso al hotel, después de mi suculenta y elegante comida y con evidente pinta de turista (recuerden que ya es más de medianoche y que yo visto shorts y polerón, pese a que debe haber una temperatura no superior a lo 10°), me pierdo. Sin saber cómo, me encuentro en una avenida solitaria, que ya no tiene cara de lugar turístico, pues no hay tiendas, hoteles ni restaurantes, y casi no se ve gente en la calle, diviso una estación de servicio (grifo le llaman acá) adonde me dirijo en busca de orientación. No debo estar muy lejos, pues no ha caminado tanto, cualquiera que haya estado en Cusco sabe que estas ciudades que crecen a partir de un casco histórico, terminan convertidas en laberintos al tratar de conjugar dos estilos arquitectónicos y urbanísticos bien diferentes. Efectivamente, no estoy lejos del hotel, al que llego pronto, sano y salvo, caminando a paso rápido y “con la barba en el hombro”. (Paranoia chilensis…de seguro)
Día 6:
Puntualmente a las 10:00 a.m. me vienen a buscar para ir al terminal de buses y abordar el bus que me llevara a Puno, son 6 horas de viaje, de manera que tendré tiempo para descansar, leer y escribir. Me levanté temprano, pues necesitaba descargar la memoria de la cámara fotográfica y cambiar algunos soles. El bus es un moderno vehículo de dos pisos, mi ticket dice “business class”, (que top...aunque sea en bus) y la verdad es que es muy cómodo, además que viajamos sólo 4 personas en esta clase (hay espacio para 10). Puno está a más de 3.900 m.s.n.m, lo que augura además mucho frío. Allá navegaremos el famoso lago Titikaka, el lago más alto del mundo y, según recuerdo el más grande de América, le siguen nuestro General Carrera en la undécima región (Buenos Aires para los argentinos, pues lo compartimos con nuestros vecinos) y el Nahuel Huapi (en Bariloche).
A mitad de camino nos sirven un snack, bebidas, sándwich, galletas y chocolate, se agradece pues ya estaba sintiendo hambre y además pese a que hay sol se siente frío, de manera que las calorías vienen bien.
Llegamos a lo que se supone es una ciudad importante “Juliaca”, la verdad es un lugar muy, pero muy feo, nuevamente casas a medio terminar, sin pintar y con los fierros sobresaliendo de sus techos, las calles de tierra, un comercio muy desordenado y precario, donde puedes ver locales en los que venden desde choclos hasta celulares, es curioso. Taxis a tracción humana, se trata de un triciclo con techo, pintoresco y un letrero que dice “Juliaca será hermosa, segura y próspera” parece chiste de mal gusto, pues no veo por donde pueda materializarse el cambio radical que necesita para llegar a ser lo que el letrero profetiza. Más tarde me enteraré de que en esta ciudad hay un aeropuerto, pensar en modernas aeronaves aterrizando en este paupérrimo caserío es algo surrealista.
Al salir de Juliaca, para nuestro ultimo tramo hacia Puno, veo un imponente conjunto de edificios completamente terminados, bien pintados de llamativos colores y con pórticos y jardines de acceso bien cuidados, es una universidad, realmente en términos arquitectónicos es todo un contraste, pienso además que ojala sea la palanca para que Juliaca cumpla su sueño de belleza, seguridad y prosperidad, viene a mi mente aquello de romper el círculo de la pobreza, ojala.
A las 6 p.m. ya estamos en Puno, la ciudad es más grande de lo que imaginaba, muy helada, con un casco antiguo bonito y bien conservado. Ya está prácticamente oscuro, de manera que apenas dejo mis cosas en el hotel, salgo a recorrer la ciudad, con la intención de captar algunas fotos (antes de que oscurezca por completo), conocer esta ciudad y también para comer algo. Después de 6 horas de viaje, necesito caminar un poco. Mañana muy temprano salimos a navegar el Titikaka. Hay mucho comercio en esta ciudad, pese a que no hay grandes hoteles, ni restaurantes de categoría, tampoco tiendas importantes, hay también bastante gente, aunque claramente menos turistas que en Cusco, veo muchos escolares, seguro es la hora de salida de los colegios. También puedes ver acá, los taxis que vi en Juliaca, triciclos a tracción humana, son pintorescos, pero me parecen algo retrógrados y con un sabor a tiempos de esclavitud.
Día 7:
Son las 07:00 a.m. y ya estamos listos para zarpar desde un pequeño muelle en el Lago Titikaka, vamos a visitar las islas flotantes de los Uros, unas comunidades ancestrales que viven en unas islas flotantes que ellos mismos construyen en base a bloques de raíces de totora que unen para formar una isla – comunidad. Todo acá es de totora, las casas (en realidad los dormitorios y las cocinas, que sólo utilizan en invierno), el suelo de la isla esta cubierto con 3 o 4 capas de ramas de totora. Cada isla tiene una duración que fluctúa entre 6 y 8 meses, de manera que permanentemente se están cambiando de “casa”. Otro aspecto pintoresco, es la forma como estas comunidades (una mezcla de Qoyas y Aymaras) resuelven sus conflictos cotidianos; por ejemplo cuando una familia tiene conflictos con el resto de la comunidad, simplemente recortan la parte de la isla sobre la cual esa familia vive y la dejan fuera de la comunidad, eso es sentido práctico.
Los Uros, cuyo último habitante falleció en 1950, mantienen su estilo de vida en base al turismo, la pesca y las artesanías. Ellos fabrican además sus propios botes de totora, tardando dos meses en hacer un nuevo bote, entre dos personas. Más tarde navegaremos el Titikaka a bordo de una de estas balsas.
Los Uros nos reciben con pan de quínoa recién horneado, al tiempo que nos explican sus modos de vida, de qué se alimentan, son esencialmente pescadores, producto que secan (como charqui) y que luego intercambian en el mercado de Puno por vegetales y semillas, aún practican el trueque. También nos convidan un fruto que ellos comen constantemente el cual es rico en sodio y fluor y que constituye su dentífrico natural, en realidad se parece al coco, tanto en la textura como en el sabor.
Algunas de las comunidades de Uros no reciben turistas, pues no quieren que sus hijos se “contaminen” con las culturas contemporáneas. En la isla que visitamos en cambio, hay incluso una escuela básica donde los niños reciben instrucción primaria, la que posteriormente continúan en Puno. En esta isla cuentan con energía eléctrica, la que obtienen a través de unas placas solares que les regaló el gobierno de Fujimori, el único presidente que ha visitado a estas comunidades, como comprenderán, los Uros adoran a Fujimori.
Ahora, navegamos por el Titikaka a bordo de una balsa doble que acaben de lanzar al mar y que bautizaron como Titanic (mala idea pienso), bañándolo con Coca Cola Zero (imposible pensar en Champagne acá). En realidad navegar a bordo de esta balsa es una osadía, pues no es muy estable y además vamos a bordo más de 25 personas. Llegamos a otra isla, una isla Lodge, en la que hay hotel y restaurantes, todo hecho de totora. Hay acá además un vivero, donde cultivan peces. Nos cuelgan al cuello un pequeño souvenir, un barco de totora, como recuerdo de nuestra visita. Volvemos a nuestra lancha para seguir surcando este enorme lago con destino a Taquile, lo que representa un tiempo de navegación de 2horas y media. Esta vez somos varios los que decidimos aprovechar el sol y viajar en la cubierta. Hay un brasileño que conocí en Machui Picchu dos días atrás, quien se siente algo mal, por culpa de la altura, le convido uno de esos típicos caramelos de coca. Van muchos minutos de silencio de manera que entablo conversación con una gringa que va a mi lado, con un tradicional “were come you from?, ella viene desde EE.UU., Coneccticut para ser más preciso y anda de vacaciones con su esposo hijos y una hermana y socia (tienen un negocio). Me cuenta que precisamente a causa de ese negocio, hace muchos años que no lograban salir de vacaciones todos juntos. Ambas eran profesoras, una en un colegio y la otra en la universidad. Me cuentan que tienen un hermano que viaja muy seguido a Chile, sólo para practicar su deporte favorito; pesca deportiva en la patagonia. Ellas me preguntan acerca de lo que el Uro que remaba contaba mientras íbamos a bordo del bote, le cuento que entre otras cosas el decía que tardaban dos meses en hacer un nuevo bote, que ya no quedaban Uros puros, pues muchos se habían casado con gente de Puno o de otras etnias y que además me habían explicado que en aymará, soltero se dice “Karohuayna”, lo que quiere decir “hombre de Dios”. Se suma a la conversación la hermana de esta gringa, hablamos de todo un poco y acortamos la travesía sobre este enorme lago. A las 11:30 horas llegamos a Taquile, isla que antes se llamaba “Intika” que significa Isla del Sol, territorio que fue comprado por 26 monedas de oro por el español Pedro Augusto de Taquile, de quien tomó su actual nombre. Estas comunidades tienen un régimen de vida comunitario, en el que anualmente nombran a sus representantes, acá la solidaridad entre las distintas familias y comunidades es una ley, “Ayni” se llama en lenguaje de los incas, y quiere decir reciprocidad. Otras particularidades son el hecho de que en estas comunidades las mujeres se dedican a la agricultura y los hombres al tejido. También son distintivas sus vestimentas, las que los diferencian, tanto en su estatus social como en su condición de solteros o casados. Por ejemplo los líderes usan un chullo con los 7 colores del arco iris, (una de las deidades adoradas por los incas), los hombres casados un chullo largo que tiene borlas y grecas en toda su extensión, en tanto los hombres solteros un chullo cuyo tejido sólo tiene diseños en la mitad de la superficie. Las mujeres usan un manto negro, con el que cubren su cabeza, este tiene en sus extremos unos pompones de lana de muchos colores, siendo muy grandes y coloridos si la mujer es casada y más pequeño y de menos colores si es soltera. Otra costumbre típica es que las parejas jóvenes conviven por uno o dos años antes de casarse, período en el cual ella teje un cinturón con muchos diseños, en tanto el hombre teje otro cinturón pero mezclando lana con cabello de su pareja. Una vez que se casan unen ambos cinturones, simbolizando la unión de dos almas en un proyecto de vida común. La convivencia es a partir de los 14 o 15 años y las parejas suelen casarse a los 16 o 17 años. El lugar nuevamente es bien rustico, con muchas construcciones de piedra, adobe y pintadas con cal, la gente es muy amable y afectuosa, hay en la plaza central un gran mercado donde ofrecen sus tejidos que es la principal actividad económica. Para llegar acá hemos tenido que caminar unos 40 minutos por un sendero angosto con escalones irregulares de piedra. Vamos ahora a almorzar, en una de las típicas casas de los lugareños, para ello debemos subir otros tantos metros, ya debemos estás sobre los 4.000 m.s.n.m., y eso se nota, pues te cansas con facilidad., todos caminamos en silencio dando pasos cortitos, parecemos pingüinos fuera de su hábitat.
Nuestro almuerzo esta listo, hay sopa de quínoa, un pebre a base de rocoto y pan de quínoa, que es una especie de sopaipillas, muchos se preguntan que es el pebre, les explico que es un aderezo en base a una clase de ají peruano , llamado rocoto, a los gringos debo decirles algo así como “a tipical peruvian variety of chili”, “very spicy”, les advierto, Justo alguien me pregunta, de donde soy, le respondo “just from Chile”…carcajadas, aprovecho de decirles que también en Chile hacemos pebre, lo mismo con el cebiche y el pisco sour, lo que nos pone en una pequeña disputa de vecinos, lo que es ratificado por una pareja de japoneses que vienen desde Chile. Este almuerzo se convierte en el almuerzo de Chile, pues otro matrimonio esta vez italianos que quieren ir a Chile me preguntan sobre lugares para visitar, precios y clima. Hay además otra gringa que después de Perú se va a Chile y de ahí a Australia, estará 4 días en nuestro país y me pide le sugiera lugares típicos, Valparaíso, Pomaire, Sewel, y Santiago le recomiendo. Una canadiense que lleva dos meses viajando y que seguirá haciéndolo por 0tros dos meses, irá a continuación a Bolivia luego a Argentina, y finalmente a Tahití, le pregunto ¿Porqué no vas a Chile?, me responde que no lo consideró inicialmente y que ahora es un poco difícil pues tiene sus conexiones aéreas todas hechas, me dice que se arrepiente pues le han hablado muy bien de nuestra tierra y su gente.
Nos traen el plato de fondo, pescado a la plancha con papas, arroz y verduras, estaba muy sabroso. Este almuerzo fue muy entretenido, pues como pocas veces todos compartimos y nos hicimos entender en nuestras lenguas maternas o en intentos bilingües
Ahora vamos de regreso a Puno, tenemos unas 3 horas de navegación, hay sol y viento, pero más tarde tendremos truenos, relámpagos y lluvia, pretenciosamente pienso que los dioses se están despidiendo de nosotros, recuerden que el rayo, los relámpagos, la lluvia, el arco iris y el sol eran dioses para los Incas.
A las 18.00 horas ya estoy de regreso en el hotel en Puno, debo preparar mi equipaje pues a las 20.00 horas abordo el bus con destino a Cusco, esta vez se trata de un bus bastante precario, creo que los buses que van a curacaví son mejores. Será un largo viaje, de más de 6 horas. Mientras espero para subir al bus, leo los titulares de los diarios locales, uno de ellos, estilo LUN titula “Nuevo accidente de un bus. Conductor se quedó dormido”…. Mala idea fue leer estos diarios, pienso. El bus se repleta de turistas, hay un grupo grande de israelíes, quienes ponen dos películas que ayudan a acortar las horas de este viaje tercermundista, La era del Hielo 2 y Pulp Fiction, cuando termina esta última película son cerca de las 12:30, trato de dormir, creo que lo logro.
Día 8:
A las 03:00 llegamos al Terminal de buses de Cusco, un recinto bastante precario, similar al de Puno, donde no hay grandes comodidades ni instalaciones adecuadas, los baños son omitibles. Lo curioso es que en Perú cobran tasa de embarque en los terminales de buses, una frescura pues el servicio que ofrecen es cero, estos terminales de buses son como era el viejo terminal de buses al norte de la calle General Mackenna en Santiago.
Ahora debo ir al aeropuerto, a las 08:00 sale mi vuelo hacia Lima, claro que el aeropuerto es nacional de manera que no funciona durante la noche, abren a las 05:00 a.m., de manera que debo esperar dos horas en este lugar frío e inhóspito, donde a las 4:00 empiezan a abrir unos quioscos donde venden café , bebidas y sándwiches, claro que la higiene no es una variable, pienso en que un café significa agua hervida, por lo tanto no debe ser riesgoso, en eso estoy cuando veo cómo usan uno de los taburetes de estos locales para apoyar unos enormes panes y hacer los sándwiches típicos, decido posponer el café para el aeropuerto, allá el estándar es otro.
Son las 06:30 ya hice el chequeo correspondiente, incluso envié mi maleta directo a Santiago, pues en lima estaré 12 horas las que aprovecharé para conocer otro poco de esta capital, almorzar y comprar algunos souvenir. Como mi maleta se irá a un vuelo internacional y acá no hay máquinas de rayos, me piden pasar a una sala especial para que un oficial revise mi maleta, no tengo inconvenientes, claro que los copuchentos de siempre se quedan mirando, pensando que debo ser algo así como un sobrino de Bin Laden, cierto es que llevo dos días sin afeitarme….
En la sala de espera me quedo dormido, debo haber dormido una hora, pues despierto con el llamado a embarcar por la puerta 5. Ya en Lima, salgo directo del aeropuerto (que agradable es no tener que esperar en el carrusel de las maletas) y tomo un taxi hacia el centro de la ciudad. Recorro el casco histórico, tomo algunas fotografías y luego me dispongo a buscar algún lugar de artesanías, además de un local de las tradicionales tejas, unos chocolates típicos de acá, absolutamente recomendables. Me alejo unas cuatro cuadras del centro histórico, por un paseo peatonal, donde rápidamente cambia la fisonomía de la ciudad. Prefiero ir hacia un lugar más conocido, así es que tomo un taxi hacia Miraflores. Nuevamente compruebo los enormes contrastes de esta ciudad. Ya son más de las 12:00 de manera que decido buscar un lugar para almorzar, veo un local que tiene una carta en la entrada, verifico variedad y precios. Parece razonable, sale el chef o anfitrión, quien me invita a pasar y me sugiere la especialidad del lugar, atún fresco con salsa de maracuya, con un risotto de eneldo. Pido mi último pisco sour peruano, en suelo peruano, una vez más es un vaso enorme y un trago exquisito, me traen para acompañar el aperitivo un cebiche de camarones con esas típicas hojuelas de papa, muy rico!!. Luego el plato de fondo, que además de sabroso tenía una presentación estilo “Gourmet Channel”, postre tres leches y café. Hay buenos cafés acá.
No hay mucha gente en el restaurante, el chef vuelve a preguntar mi opinión sobre la comida, y me ofrece un bajativo de la casa. Aprovecho de preguntarle sobre una tienda de artesanías, un lugar para comprar los chocolates y otro para comprar café. Me recomienda café Britt que además cuenta con certificación Fair Trade, lo que me recuerda a mi tesis de MBA, bueno en realidad a mi amigo Damián, el fue quien incorporó este concepto, pues en Europa ya está bastante extendido.
Después de almuerzo voy a las compras, a Larcomar , a la tienda de café, donde me hacen una degustación de varios tipos de café, bien buenos. Gasto todos los soles que tengo, dejó sólo 40 soles para el taxi al aeropuerto, me voy temprano, pues no conozco la dinámica de las horas punta del tránsito en Lima, prefiero no correr riesgos.
A las 19:00 horas ya estoy en el aeropuerto, tengo tiempo de sobra, el cual me servirá para aprovechar de despedirme de la familia de gringos que conocí en Puno, me los encuentro al entrar al aeropuerto, ellos esperan su vuelo a EE.UU., conversamos una media hora, luego nos despedimos intercambiando emails, me da un poco de nostalgia, pues es también el final del viaje, un viaje intenso, interesante, algo agotador, pero absolutamente recomendable.
Día 9:
Puntualmente a las 02:00 a.m. estamos aterrizando en Santiago, cansado pero contento. Tuvimos un vuelo tranquilo y muy bien atendido, Taca ha sido una excelente línea aérea, buen servicio y muy puntual, algo que me sorprendió gratamente, especialmente comparado con mi ultimo viaje en Lan donde me dieron un periódico del día anterior…
Basta decir simplemente que Lima, Cusco, Machu Picchu, Puno, Titikaka y sus lugares aledaños son un destino maravilloso, de grandes contrastes, parajes espectaculares, ruinas y construcciones inexplicables, gente amable y sencilla y la espléndida sensación de vivir en contacto con nuestras culturas vecinas, que también se sienten propias, especialmente por el carácter amable de la gente, como aún se percibe en muchos lugares de nuestro Chile.
Que estas líneas sirvan de orientación, estímulo y motivación para que los amantes de los viajes, se aventuren en este periplo.
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